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viernes, 19 de febrero de 2010

Something...


Hace tiempo que vengo rondando la idea de volver a escribir en este espacio sin lograrlo. He preferido echarle la culpa a mi nuevo estilo de vida, ahora condicionado al vaivén del mar, marcado por la suave brisa marina del norte... Pero sé de sobra que mi desatención a esta vitrina de compartires se debe a que tengo muchas ideas, sentimientos y sensaciones nuevas en mi que no se cómo procesarlas, cómo canalizarlas, cómo hacerles frente.

Por eso creo importante hacer un ejercicio de lluvia de ideas de todas estas cosas para revisarlas e irlas procesando mejor, a ver qué sale. Ojalá me sigan y no se aburran :)


* Confieso que he pagado un tratamiento de reducción de peso, pero desde que me mudé he sucumbido ante la gastronomía del norte del Perú. Lo peor de todo es que me siento riquísimamente culpable por esto. 

¿Podré ponerme al corriente al volver, podré recuperar el tiempo perdido y mi salud también?



* Jamás pensé decir algo parecido, pero es la primera vez en la vida que desearía ser hombre. El machismo por mi nueva zona es demasiado fuerte y me intimida. Mi mecanismo de defensa ha sido hacerme aparentemente más fuerte, veo que al menos cada vez más me respetan, pero igual ha sido una situación bastante complicada.  

¿Habrá resultado buena esta estrategia de ingreso, habrá alguna mejor?



* Con vergüenza reconozco que me he vuelto demasiado comodona. Años atrás hubiera caminado horas bajo el sol, hoy tomo mototaxi. Tiempo atrás no me hubiera importado tomar el refresco que me dieran en cualquier lugar de comidas, hoy pregunto disimuladamente sobre la procedencia del agua.  

¿Me estaré aburguesando demasiado o simplemente corresponde a mi cuidado personal?



* Admito que durante esta temporada de viaje me está sirviendo para mirar atrás sin tanto dolor ni remordimiento. Ha ayudado a (re)convencerme que los pasos andados hasta ahora han sido los más acertados y convenientes. 

Admito que no me siento feliz, pero si tranquila, y sé bien que ese es un pacito más para llegar a la tan ansiada felicidad, ¿verdad?


* Debo aceptar que me ha costado estar sola. Hace bastante tiempo que no me encontraba así, pero poco a poco la he ido pasando mejor conmigo misma. Ir sola al concierto de Alberto Plaza en San Valentín y disfrutarlo plenamente fue una gran prueba de ello. Ok, sí, llamé a mi ser especial, sí, hubiera dado todo lo que tengo porque esté a mi lado, sí, algunas lagrimitas se acercaron a mis ojos en algunos momentos, y creo que si todo eso pasó es porque en verdad lo quiero. Pero a diferencia de otras veces no me quebré, no sentí ansiedad ni nada por el estilo. Asumí nuestra lejanía con madurez y sigo esperando volverlo a ver pronto. Lo que no me queda claro es si él entiende esto como yo.
 
¿Acaso no está mal sentirse morir por alguien, o significa que no te interesa tanto? yo no lo creo así, pero hay personas que difieren de mi. El tiempo y nuestros actos lo dirán.


* Es cierto, estoy empezando a tener temor de volver. Cada vez que estoy por mi cuenta me acostumbro a ser ama y soberana de mi tiempo, de mis emociones, de TODO. Pero cuando vuelvo a casa, a mi mundillo capitalino siento que eso a veces se esfuma. ¿Podré esta vez mantener esta tranquilidad y equilibrio al regresar? Cuestiono esto porque siempre cuando regreso siento que yo he cambiado alguito pero los demás no necesariamente lo han hecho y allí empiezan los problemas. Bueno, veremos también...


Dentro de todos los cambios, creo que, en conclusión, la tranquilidad me está visitando, no se si invitada por el mar o por mi misma, pero me gustaría que su estancia sea por tiempo indefinido. A ver cómo le hago para convencerla ;)


Escuché esta canción por primera vez en el concierto que dio recientemente The Cranberries y me impactó. Creo que no hay mejor canción para este post que "The Journey" de Dolores O´Riordan, que la disfruten!

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Act@ final






Siendo las 02:00am del miércoles 30 de diciembre del 2009, se suscribe la presente acta para dejar constancia que esta servidora ha culminado con éxito sus actividades establecidas para el año aún en curso.


Es preciso manifestar que quien suscribe ha sido protagonista de un año intenso, sin embargo y dado los resultados finales, se puede concluir que ha sabido enfrentar con hidalguía todos los retos encontrados y trazados, dando muestra de su capacidad de adaptación y constante innovación.


A continuación, un recuento puntual de los alcances del presente año:


Enero - Febrero: Cierre del proyecto de reconstrucción, que logró dichos objetivos hacia las comunidades en desmedro de la de-construcción de quien suscribe.


Marzo: Vagaciones Nº1 por el norte huanchaquero, con desenlace ampliamente anunciado.


Abril: Celebración del cuarto de siglo con el regalo preciso, la tan ansiada y tan esperada propuesta de EL trabajo.


Mayo: Zubidom inesperado, de vuelta mano sobre mano.


Junio: Gala de capacidades de mil oficios: Entrevistadora, mesera, administradora, educadora, alcohólica empedernida y principiante psiconalítica.


Julio - Agosto: De vuelta al ruedo, ahora al Centro - Diseñadora de sueños de conservación... ambiental.


Setiembre - Octubre - Noviembre: Pisando fuerte por los arenales chalacos, entendiendo y asesorando a que la gente se relacione con las empresas y a que estas no mueran en el intento.


Diciembre: Vagaciones Nº2 en el norte mancoreño, donde llegó por fin la reconciliación consigo misma y renació el amor.



*Reconciliada con la vida, aun peleada con la plancha.


Cabe resaltar que, pese a todo lo andado y recordado, a quien suscribe le hacen falta tres tareas fundamentales para cerrar con broche de oro el presente año:


a. Iniciar por lo menos el ABC de su Plan de Tesis.
b. Prepararse contra el sol matutino veraniego y el vecino voyerista de al lado, colocando la nueva cortina para su habitación.
c. Meterse al mar a en el último minuto del 2009, para que este se lleve consigo lo que aún no se termina de ir.


Que quede constancia que en los últimos dos días del año aún se pueden y/o se deben lograr estas cosas.


Siendo el miércoles 30 de diciembre a las 03:20am horas, se firma el presente acta.


Atenta y muy sinceramente,


Yo.




domingo, 8 de noviembre de 2009

Estadísticas



Sobre mi:
1.72 mts. de altura, donde mis pensamientos y mis sentimientos se pierden y confunden.
75 kilos de (sobre)peso contenido, cual represa realmente llena.
80% de cabello natural. No, el otro tanto no son extensiones ni pelucas; simplemente hago la distinción porque el stress hizo que lo perdiera en el camino.
75% del tiempo hablo, y hablo y sigo hablando. El resto, duermo. A veces, se me escapa el sueño e intento escuchar algo, alguito nomás; en realidad me gustaría que fuera más.
50% de las veces sonrío, 30% reniego, 15% lloro y el otro 15% lo dejo para las demás sensaciones que una pueda tener. Cuidado si son los días luneros, que el porcentaje se revierte proporcionalmente.


Sobre mis pertenencias:
2 estantes y 1 caja de libros, apuntes, papeles, recortes de la vida.
1 ropero y 2 maletas de ropa (des)variada, siempre lista para el viaje de mudanza que no tiene cuándo ser.
1 perchero de madera del que cuelgan bolsos de todos los tipos y todos los colores, de los cuales sólo uso 1/4 parte de ellos.
1 zapatera que en vez de preservar mis zapatos los está marcando muy feo, por lo que cumple su objetivo sólo en un 40%. Conclusión: debo cambiarla, no me es funcional.
2/3 de laptop, el otro tercio se ha ido cayendo, desprendiendo, perdiendo con el tiempo y el (buen?) uso que le proporciono.
1 cama de dos plazas que eventualmente comparto... con mi abuela.


Sobre mi Tiempo:
25 años de lucha. No ha habido día en el que no me haya despertado con ganas de continuar. Mentira, flaqueé 2 veces, sólo 2 veces... pero fue mi licencia, mi auto-huelga, y funcionó. Me autorregulé, me sacudí la modorra y continué. Gracias Dios por esa fuerza, en verdad muchas gracias. 
7 meses de zozobra, de cambios, de subidas a la estratósfera y de auto-sepultarme en el último anillo del infierno. Lo bueno es que visité al buen Dante y me di cuenta que no quiero estar/seguir así.
3 semanas de esperanza. Sólo duró tres semanas??? O quizá aquí si haga mal uso de mis estadísticas, quizá fueron más semanas, no lo sé. Lo cierto es que fueron tres semanas intensas... pero fueron.
3 días de desencuentros. Estos también FuErOn y no quiero volver a ellos.
1 tarde de revelaciones. El apocalipsis es cierto, lo viví hoy. 
1/4 de instante de sinceridad conmigo misma. El derroche de catarsis, de sinceridad liberadora también es real, y mucho. Lo mejor es que este instante tiene la eventual capacidad de incrementarse hasta alcanzar el instante completo. Lo lograré?



*Esta noche me he pegado a Bebe, y esta canción refleja lo que siento. Quiero cuidarme y cuidar a los que quiero, es mucho pedir?





lunes, 13 de julio de 2009

Verde, que te quiero verde

Hace poco me preguntaron cuál era mi color favorito y la respuesta fue casi directa: verde, es el verde, contesté en una.

Sé que no es una pregunta muy novedosa, es mas un lugar común cuando empiezas a conocer a alguien; sin embargo fue la primera vez que la otra persona me preguntó el por qué, y fue la primera vez que le di vueltas al asunto.

Porque me gusta la selva, le contesté.

Ah sí, y qué partes de la selva conoces?, me repreguntaron, y yo casi me quedé muda.

Recordé que de la selva conozco muy poco. Más alla que no he pasado de visitar 3 zonas de la selva central, no puedo contar ni aseverar que conozco la zona. Recuerdo que desde chica siempre quise viajar a la selva. Además de parecerme exótica, tan lejana, casi inentendible y enigmática, la selva siempre me significó parte de mi origen. Mi abuelito querido llegó a Lima cuando tenía apenas 13 años, dejó su Luya natal y recorriendo Bagua, Cajamarca y Chiclayo, llegó finalmente al centro de Lima, a asentarse exactamente al costado del entonces nuevo Parque Universitario.

Desde muy chica la historia de la migración de mi abuelo me marcó, él vino desde su pueblo a la misma edad en la que yo empezaba a conocer su historia y a escucharla con atención. Mi abuelo tenía mucha facilidad para contar historias: tenía una picardía nata, un super sentido del humor y una capacidad muy curiosa para recordar olores, colores, situaciones, suscesos que ante la mirada de cualquiera podrían parecer insignificantes, pero él los contaba con una convicción tal que terminaban siendo muy importantes para quienes lo escuchaban. Yo aprendí a contar historias de esa manera, dando saltos en el tiempo, mezclando fechas, nombres, lugares, porque lo que a él más le importaban -y luego a mí también- eran los sucesos, los procesos, los detalles, "la carnecita" de las historias... y sus historias tenían mucho de ello.

Las historias que me acompañaron durante la infancia estaban teñidas de verde selva... la montaña, los demonios del monte, los animales, los silencios, las pausas de la selva eran elementos recurrentes en esas historias. Fue así como desde pequeña empecé a tener curiosidad, respeto y cariño por lo relacionado a la Amazonía, y conforme fui creciendo me fue acompañando la idea de conocer de dónde provenía mi abuelo, y con eso, empezar a entender mis orígenes.

En mis pocas visitas a la selva central de mi país me he sentido más libre, más YO que nunca. Todo me hace sentir mejor, el espacio decorado con montañas llenas de árboles en distintos tonos de verde en vez de cerros con piedras grises, donde los ruidos en las ciudades van al ritmo de los ronroneos de las motos en vez de los gritos de los combistas, donde el plátano acompaña todas las comidas en vez del plano arroz blanco, donde las gotas de lluvia refrescan en vez de dar frío, donde la gente habla cantando en vez de gritando, donde todos sonríen sinceramente, y yo también.


Pero eso no es conocer, me digo a mis adentros, para conocer tienes que estar, que convivir, que permanecer e ir al ritmo de las comunidades de aquí.

Lo cierto es que lo vengo pensando hace bastante tiempo y quizá ya sea el momento de terminar de tomar la decisión. Necesito ir a mis orígenes, a la Luya de mi abuelo y ver si también tiene algo de mi. Terminar de definir si lo que siento por la selva es meramente utópico o si puedo afrontarlo como una realidad, quizá no perenne pero si por una temporada.

Será Luya? no lo sé, pero quiero descubrirlo pronto.



jueves, 2 de julio de 2009

Volver . . .

"Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno.

Son las mismas que alumbraron
con su pálido reflejo
hondas horas del dolor
y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor."

Estrella Morente - VOLVER

Alguna vez oí que no hay que volver al lugar donde se fue feliz... ¿y qué hay de los lugares dónde no se fue tan feliz, dónde costó tanto hallarse, dónde dolió tanto el proceso de encajar y no encajar?

Lo escribo y lo vuelvo a leer: suena una locura... ¿volver al lugar donde se fue, en suma de cuentas, infeliz? No parece tener sentido lógico. Sin embargo, yo decidí volver. Y finalmente cuando lo hice, creo que fue lo mejor que pude hacer.



Estos dos últimos fines de semana retomé los pasos que recorrí el pasado 1ero de marzo cuando, junto a un amor no correspondido, con 2 maletas y una bolsa llena de cachivaches, me alejé de una ciudad sureña en la que, hasta ese entonces creía, yo había sido muy infeliz durante los 8 meses que permanecí allí.

Recuerdo bien que cada vez que podía me escapaba de mi enclave sureño y volvía a casa, a mi zona segura por excelencia, escapando una y otra vez de las tensiones, de los malos ratos, de los sinsabores que aquel ambiente cotidiano me ofrecía una y otra vez.
Y es curioso porque, una vez más, el tiempo y la lejanía me han hecho caer en cuenta que no era necesariamente así.

En efecto, mis responsabilidades no eran poca cosa, el ambiente no era el más óptimo, pero yo sabía por qué había ido allí.
Yo sabía que quería y que debía apostar por el cambio social, que esa era mi tarea, y que ese enfoque era el que debía mantener desde el incio hasta el final del proyecto. Tenía un claro y voluntario compromiso con las comunidades con las que trabajaba, que se iba reafirmando día tras día. Yo sabía que había ido a quedarme, pese a que a los pocos días de mi llegada casi todo el mundo quería lo contrario...

Sea como fuere, era muy consciente de todo esto, me armé de valor y asumí el reto. Tenía 24 años, hartas ganas de trabajar dejando todo en la cancha, además de 2 años de experiencia laboral y la tarea clara y explícita de liderar un proceso de fortalecimiento de capacidades para más de 2 mil familias damnificadas. Pero pese a mis denodados esfuerzos e intentos por dar la talla, con mis jefes y con mi equipo, debo reconocer que no fui lo suficientemente fuerte ni consecuente al asumir el reto, por lo que pronto sucumbí a las presiones y me quedé con la falta de confianza inicial de mis jefes, antes que con el apoyo y el reconocimiento de la gente con la que trabajaba diariamente.

Me confundí, perdí la brujula, y dejé que la negatividad se apoderara de mi. Me agobié, me entristecí y estuve muchas veces al borde de tirar la toalla... Es más, recuerdo que el día en que partí estaba ansiosísima por irme y salí casi corriendo del lugar, de mi oficina, de mi cuarto, de mi ciudad sureña tan amada, tan odiada. Sólo pude despedirme de algunos, me hubiera encantado tomarme el tiempo necesario y despedirme de cada una de las 80 comunidades en las que trabajamos en ese lapso de tiempo... pero no pude.

Y volví al que creí era mi hogar, con esperanzas de renovarme, de reasentarme en la ciudad que me vio nacer; pero mientras eso ocurría sentía que algo me faltaba...

Es cierto, cuando salí de la ciudad sureña, parte del trabajo estaba culminado, pero faltaban los últimos -y no por eso menos importantes- toques de la obra. Conforme iban pasando los días, las semanas y los meses; y conforme mis ex-compañeros de trabajo me comentaban lo avances y retrocesos que se iban durante mi ausencia, me propuse volver.

Era una tarde de inicios del mes de Junio cuando, luego de casi un año de nuestra primera conversación, tuve la oportunidad de hablar nuevamente con El Chaparro, uno de los miembros de mi entonces equipo, uno en los que más confié tanto por las capacidades como por las potencialidades que veía en él, y con el que -coincidentemente- tuve más conflictos y rencillas generadas. Lo saludé, él me saludó, y fue genial darme cuenta que después de todo, ni yo tenía esa pose agobiante y tirante, ni el tenía ya -aparentemente- ninguna rencilla conmigo. Le pedí el favor que me informara cuándo sería la inaguración de la obra, él prometió hacerlo y finalmente cumplió.

Fue así como regresé a donde no debí partir, o al menos no de esa manera tan drástica y desarraigante. Fueron dos sábados en los que recorrí barrios que no me eran ajenos, rutas que me eran muy conocidas; dos sábados llenos de reencuentros, de abrazos sentidos, de reconocimientos; dos tardes llenas de sonrisas, de recuerdos gratos, de simpatía y buen humor.

Y fui feliz. Muy feliz de darme cuenta que todos los pasos que di, acertados algunos, desatinados los otros, valieron la pena. Porque cada decisión tomada, buena o mala, co-ayudó a que la obra finalmente se pudiera presentar. Es cierto, el merito es totalmente compartido, pero hubieron momentos en los que, por el agobio, ni yo misma me daba el crédito de lo que mi pequeño aporte significó para la tarea mayor. Y lo mejor de todo es que esta vez no lo reconoció ningún jefe ni mis compañeros de trabajo, sino las familias que se vieron de una manera u otra beneficiadas con el trabajo que como equipo desempeñamos.

Y fue así que volví a mi primer amor laboral... que muy parecido a mis demás amores, fue intenso, pasional, tormentoso, agobiante, a veces asfixiante y sobre todo muy desgastante, pero al final de cuentas extremadamente gratificante; del cuál tengo lecciones profesionales y de vida invaluables y que espero seguir asimilando y compartiendo.


Me es inevitable hablar de este tema y no recordar "Volver", la película de Almodovar. Aquí les dejo la canción, interpretada por la gran Estrella Morante.



lunes, 23 de marzo de 2009

Súbita tranquilidad

Luego de una semana de ups and downs, hoy finalmente me siento tranquila.

No sé si se deba a la culminación de una etapa, al incio de una nueva, o a las solas ganas de querer estar mejor. Pero es que definitivamente se está muy bien cuando una hace lo que siente correcto tanto para su corazón como para su racionalidad.

Casi siempre he vivido escindida entre lo que quiere mi corazón y lo dice mi cabeza. Y he tenido pugnas personales en ver quién gana. Sí, nuevamente diré que he estado jugando al gana-gana conmigo misma, de ahí que muy probablemente sea cierto lo que dice la mayoría de la gente que me conoce: siempre te saboteas!

Y no pues, ya no quiero sabotearme más. Quiero tomar control de todo: de mis pensamientos, de mis pasiones, de mis sentimientos, de mis temores... quiero que estos vayan acorde, unos con otros; y poder tener - por fin!- la tan ansiada tranquilidad.

Hoy creo haber ido por buen camino... luego qué seguirá?

Eso lo veremos...